Ayer estaba en Mastodon justo cuando llovían los toots de #viernesdeescritorio, el hashtag usado todos los fines de semana para enseñar la personalización que los usuarios hacen de sus sistemas Linux, una tradición desde hace muchos años. Yo no sirvo para participar en eso porque a día de hoy uso GNOME vanilla sin apenas modificaciones ni extensiones (me gusta tal cual), y además cambio muy poco el fondo de pantalla. Vamos, que ya no personalizo el escritorio como antes.

Entonces reflexioné un poco sobre ese tema. Si apenas lo personalizo, ¿denota una falta de estilo propio? ¿Soy un conformista? ¿Un aburrido quizás? Pues diría que no. Creo que después de muchos años personalizando y diseñando mis propias cosas para el escritorio he visto que GNOME me ofrece lo que siempre busqué. En su momento usaba KDE y era obligatorio tocar casi todo para dejarlo a mi gusto; el «nuevo» GNOME, sin embargo, iba en la dirección que a mí me parecía correcta. Tras una década en él sigo opinando lo mismo.
No necesito tocarlo mucho porque si tuviera que diseñar un escritorio desde cero llegaría irremediablemente a algo parecido a GNOME, por tanto es la prueba de que lo considero casi perfecto tal y como está. Sí, puede que sea muy neutro y «demasiado básico», pero no me cansa. Hasta los iconos, una pieza tan delicada y exigente, ahora están genial con su colorido. Por fin estoy en un entorno que no me siento obligado a cambiar porque me aburre o porque encuentro carencias. Todo funciona bien, todo se ve bien, todo es coherente, tiene buenas ideas sobre cómo funciona un escritorio actual, y eso me basta. Es decir: GNOME para mí se ha vuelto muy personal.

Irónicamente, los fondos de pantalla son un mundo más complejo de lo que parece. Para seleccionar el adecuado hay que tener muchas cosas en cuenta, no solo en cuestión de gustos personales sino también en la psicología del color, las formas y la fatiga visual. Por eso no todas las imágenes sirven para ese elemento aunque sean bonitas de por sí. El wallpaper debe ser algo que nos haga sentir bien, debe tener una tonalidad o sencillez que ayude a enfocarnos mientras nos resulta agradable y, sobre todo, no debe generar ningún elemento extraño en la visión periférica. Solo así conseguiremos la pieza adecuada con protagonismo pero sin opacar al resto de elementos en pantalla, sin interferir con las ventanas ni el resto de la interfaz.
En mi experiencia me gustan los de naturaleza, especialmente los verdosos y con presencia de vegetación, porque me transmiten cierta elegancia y relax mientras incorporo uno de mis colores favoritos. Eso da contraste a un GNOME rodeado de blancos, grises y negros. Además, prefiero que contengan patrones poco agresivos o muestren curvas que hace al conjunto aún más orgánico, un aspecto que me ayuda a descargar fatiga visual y estrés restando artificialidad.
Como he llegado a esos elementos tan concretos y han pasado la prueba del tiempo puedo decir que ese es mi estilo. Un estilo perdurable y atemporal que siempre me gusta y me hace sentir bien, y es por eso que no necesito cambiar mi escritorio a menudo. Atrás quedan las épocas donde invertía demasiadas horas en personalizarlo, encajarlo en las tendencias y buscar los temas perfectos para mi sistema. Por eso, en otro alarde de minimalismo, solo necesito un GNOME vanilla y unos pocos fondos de pantalla para tirarme así durante meses e incluso años. Cuando realmente te gusta algo dura para siempre… o casi.
Por cierto, después de una eternidad le he cambiado el fondo a Fedora y ahora luce ese precioso campo de terrazas onduladas visto desde el aire. Lo encontré en Wallhaven y fue amor a primera vista.
Te confirmo que eres un tipo aburrido. 8)))
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Es probable, si. 😂
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