Yo, robot

Hace unos años, cuando vi las demostraciones de Boston Dynamics con su robot Atlas, supe que estaba ante un avance importante de la tecnología. Ese humanoide mecánico rozaba la ciencia ficción: sus movimientos eran increíbles, parecía irreal. Pero, aunque era obvio que existía margen de mejora, no estaba convencido de que eso pudiera desarrollarse a una velocidad suficiente como para pensar «algún día los veré en las calles». Ahora la cosa cambia, y la influencia de Boston Dynamics se nota en otras compañías que buscan el santo grial de la robótica.

Las empresas chinas han demostrado grandes avances, el pretencioso Optimus de Tesla ha mejorado debido a la competencia, e incluso las nuevas versiones del citado Atlas son impresionantes. En un corto periodo de tiempo las compañías han invertido para mejorar los movimientos, y esos robots ya pueden ejecutar desde bailes y piruetas hasta kung fu. Aunque nos parezca algo ridículo esas acciones mejoran la estabilidad, el equilibrio, los ángulos de movimiento, la fluidez y la precisión. Al igual que una persona, la destreza en esas actividades es directamente proporcional a su calidad de ejecución motora… y ya podemos comprobarlo.

No parece casualidad que las corporaciones automotrices se hayan apuntado al carro de tales progresos. Gracias a sus nuevos coches eléctricos poseen los conocimientos técnicos necesarios, las baterías, los sensores, el software e incluso la inteligencia artificial. Es más, sabemos que los costes de producción y venta al público son similares: el precio de los robots ya no es un misterio, entre 20.000 y 30.000 euros para los modelos básicos. Estamos asistiendo a la nueva era de la movilidad, donde la robótica se ha convertido en un inesperado jugador que reinventará esa industria.

Androides (y ginoides) del mañana

Los modelos más impresionantes que he visto últimamente vienen desde China. Unitree ya comercializa su modelo G1, y las unidades más avanzadas consiguen una amplitud y precisión de movimientos nunca antes vistos. Incluso es capaz de resistir patadas y empujones, manteniéndose en pie y levantándose como si nada.

Por otro lado, la empresa automotriz XPeng presentó su modelo Iron, con una naturalidad tan increíble que tuvieron que desnudarlo frente al público para demostrar que no era fake. El secreto reside en una malla artificial que actúa como piel y músculos primitivos, otorgando esa agilidad que es difícil de creer.

La estrategia comercial para los modelos básicos se apoya en la venta de piezas opcionales, como nuevas manos o pies para distintos tipos de terreno, y también paquetes de software que aumentan tanto sus capacidades de IA como de programación. Cada uno tiene su nicho de mercado, aunque parece que la mayoría apuntan al ámbito doméstico y empresarial. Por otro lado, Tesla aspira a que Optimus ayude en la exploración espacial, mientras que Boston Dynamics se queda con los modelos de alto rendimiento para ciencia e industria, con un precio que ronda los 100.000€ la unidad.

¿En un futuro podríamos ver, por ejemplo, lujosos robots de Rolls Royce? Ante la negativa de Boston Dynamics a crear unidades armadas para combate, ¿podríamos presenciar cómo Boeing o alguna otra gran corporación se hace con el nicho de mercado militar? Las especulaciones son tan divertidas como perturbadoras.

El futuro de la IA está en el hardware

Respecto a la IA, creo que se encuentra en un punto crítico. No da los resultados esperados en muchos casos, parece que no existe una adopción masiva, su financiación roza un punto de burbuja económica, sus progresos se ralentizan y, sobre todo, la Inteligencia Artificial General parece una quimera. Más allá de cosas muy útiles e interesantes, de momento no ha sido el elemento disruptor que prometía. Tal y como argumenté hace un par de años, su potencial está condicionado por las suscripciones de pago o accesos restringidos, y los resultados más increíbles a pie de calle los vemos en banalidades como los vídeos creados con Sora (la mayoría memes). Ni rastro de algo realmente útil que suponga un beneficio histórico.

Opino que el futuro de la IA no es la ansiada IAG, sino la especialización y la modularidad. Es más sencillo y eficiente una IA que haga algo concreto pero bien, que muchas y mal. O, si acaso, que tenga un conjunto de habilidades específicas que se retroalimenten y den resultados muy concretos. Por eso creo que el futuro de la IA no es el software en sí, sino su implementación en este tipo de hardware.

Los robots pronto necesitarán de más autonomía, programas de acción, normas, comprensión de órdenes, toma de decisiones y muchas cosas más. No me cabe duda de que, más pronto que tarde, la IA avanzada habitará esos cuerpos artificiales para hacer realidad algo que sólo veíamos en las películas. Puede que al principio sean toscos, es probable que necesiten unos años para alcanzar el resultado esperado, pero lo veremos.

Ya sea un androide doméstico, uno industrial o uno enviado a Marte, la IA será su alma y quizás su personalidad. Podrá desarrollar acciones similares o superiores a los humanos, tomar la mejor decisión según el contexto, escuchar y comunicarse con nosotros, y puede que se vuelvan «seres» de compañía para muchos. Sin duda es un escenario que ya parece cercano a juzgar por la tecnología que tenemos.

La incógnita de la seguridad y el ámbito militar

No obstante, sabemos que esta tecnología será usada con fines militares. Esos impresionantes robots de decenas de kilos de peso, con grandes movimientos, gran precisión y una IA capitaneando sus acciones algún día prestarán servicio en la policía y el ejército. Puede que no estemos muy lejos de ver unidades acompañando a una patrulla o empuñando un arma en conflictos bélicos, al fin y al cabo su beneficio es doble: ayuda a reducir bajas humanas propias, mientras hacen eficazmente su trabajo con los oponentes.

Es ahí donde cobra todo el sentido las habilidades motrices que ahora vemos inocentes: movimientos rápidos, suaves, precisos, como un baile o una sesión de kung fu. Es, en definitiva, un potencial enorme de combate. Junto con la IA y la programación llegarán a ser imponentes, quizás empecemos a sentir un miedo real cuando veamos alguna de esas unidades. Quizás tendremos que plantearnos la utilidad ética de la ciencia ficción, y rescatar las leyes que Isaac Asimov dejó en sus novelas a mediados del siglo XX:

  1. Un robot no puede dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la primera ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia, siempre que esta protección no entre en conflicto con la primera o la segunda ley.

Imagen: Rawpixel

1 comentario en “Yo, robot”

  1. […] Esta anécdota es una pequeña demostración personal de que los asistentes IA pueden fingir muy bien, y que pueden ser realmente competentes para tareas complejas. Durante un tiempo es divertido, hasta que empiezan a cojear. Un cruce de información, una saturación, una pérdida de memoria o algo parecido y las borra del mapa. Creo que estamos bastante lejos de ver cómo una herramienta de este tipo podría relacionarse con nosotros durante años. Me temo que, por el momento, no va a ser posible tener nuestro C3PO particular. […]

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