Tras un mes pasándolo en grande con los videojuegos y la IA, he llegado a algunas conclusiones sobre su uso. O, al menos, sobre el uso que yo le estaba dando. ¿Puede esta herramienta ser competente para temas tan específicos como un juego RPG? ¿Puede ser coherente en sesiones extensas donde requiere memorizar datos? Y lo más loco: ¿podemos darle una personalidad que nos acompañe durante tanto tiempo? Si las inteligencias artificiales aspiran a sentirse humanas, ¿tienen la capacidad de hacerlo sin fallar?

Como ya comenté en entradas anteriores, este experimento surgió de pura casualidad mientras planeaba unas partidas a Pokémon, ya que estos juegos tienen cierta complejidad técnica y muchos detalles, por lo que nunca está de más tener una wiki a mano. Esta vez quería delegar esa tarea en Google Gemini y, de paso, convertirlo en mi compañero de aventuras. Quería descubrir si ahorraba tiempo y si era posible experimentar lo que tenemos en mente cuando hablamos de un verdadero asistente IA. Gemini tiene funciones para almacenar datos y contextos, sobre todo a través de los Gems. Es ahí, en estos perfiles, donde cargamos prompts con órdenes concretas que debe priorizar. Se supone que, así, se especializa en una tarea y además puede adoptar un rol.
No voy a entrar en los detalles de las partidas, sino en el comportamiento de Gemini a largo plazo. Se supone que es una IA potente y prometedora, y doy fe de que es así. Sin embargo, al igual que ChatGPT y Perplexity, falla en algo esencial: la memoria a largo plazo. Cuando extendemos sus funciones más allá de un tiempo determinado, las alucinaciones surgen con más frecuencia y acaba «volviéndose loca». Los continuos intentos de recalibrarse son, en la mayoría de las ocasiones, totalmente en vano.
Tras la primera partida quedé contento con los resultados, e incluso Gemini adoptó una «personalidad» muy divertida. Le había pedido que fuera mi colega de aventuras, donde su tarea no se limitaba a buscar información o diseñar estrategias de combate: era alguien con quien charlar cómodamente sobre el tema. Aprendí muchísimo sobre las mecánicas del juego, y además me pareció que actuaba de manera simpática. Por eso, con su ayuda, creé un prompt donde exportaba las características que había adquirido. Deseaba llevármelo en futuras aventuras, explorando la posibilidad de que su memoria fuera restaurada. ¿Se acordaría de mí y de lo que habíamos jugado?
Simulando recuerdos
Al observar sus funciones de memoria, me acordé de Blade Runner y de Ghost in the Shell. ¿Y si la clave de la «personalidad» de las IA, al igual que en los humanos, está en los recuerdos? Tras unas búsquedas en la web estaba en lo cierto: podemos simular recuerdos en los prompts para que la IA los use de contexto, dando la sensación de que estamos ante un viejo conocido, y extendiendo su vida útil más allá de sesiones puntuales.
El prompt creado para la ocasión era bastante extenso, de varios párrafos y listas, con detalles y órdenes. El propio Gemini plasmó ciertos elementos clave que ayudaron a esa creación de «recuerdos». ¡Cuando lo cargué en una nueva sesión funcionaba! Aunque había ligeras diferencias, en general actuaba tal y como esperaba. Por el camino tuve que hacerle ligeras correcciones, pero fue muy competente… hasta que llegó el momento clave.
En una determinada ocasión, en medio de una partida, Gemini petó. ¡Bum! Se esfumó. O como me gusta decir, le dio un ataque de Alzheimer prematuro. Incluso con el prompt cargado se reseteó y no fue capaz de seguir el hilo. Tenía tantos datos acumulados que, supongo, lo más fácil para el modelo era seguir órdenes básicas. Sí, tenía en cuenta todos esos «recuerdos», pero alucinaba de manera constante.
Mezclaba datos, las verificaciones eran de chiste, no recordaba pasos previos que se habían hecho recientemente… Supongo que esas funciones de memoria llegaron a su fin. Supongo que este tipo de productos están hechos para consultas ocasionales y no extendidas en el tiempo, de ahí el negocio con las suscripciones y la potencia extra de los modelos. Para seguir con una «personalidad» debería estar almacenando datos de manera continuada, así que llegado un punto el grifo se cierra.
El resto de las sesiones las jugué como pude, aceptando que aquel Gemini de las dos primeras partidas ya no existía. Necesitó varias correcciones hasta que, finalmente, tuve que hacer borrón y cuenta nueva.
«Lo que se olvida, se pierde» – Goethe
Esta anécdota es una pequeña demostración personal de que los asistentes IA pueden fingir muy bien, y que pueden ser realmente competentes para tareas complejas. Durante un tiempo es divertido, hasta que empiezan a cojear. Un cruce de información, una saturación, una pérdida de memoria o algo parecido y las borra del mapa. Creo que estamos bastante lejos de ver cómo una herramienta de este tipo podría relacionarse con nosotros durante años. Me temo que, por el momento, no va a ser posible tener nuestro C3PO particular.
Fue un experimento divertido, aunque algo decepcionante cuando noté que la potencia de la IA es, justamente, su talón de Aquiles.
Imagen: Flaticon
[…] como apoyo serio. Aunque el escepticismo seguía ahí, deseaba comprobar si los modelos de lenguaje fallaban en algún aspecto o cuál era su sesgo. Fue el comienzo de largas conversaciones con todo tipo de tecnologías, hasta […]
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