«The holts are nearly always close to the sea»
A Coruña, año 2011. Por aquel entonces cursaba allí el primer ciclo de formación profesional de mi vida, en horario nocturno. De camino a clase, en las frescas tardes de otoño-invierno, llevaba mi reproductor MP3 cargado de una música muy especial. La escuchaba una y otra vez antes de regresar al piso que compartía con unos colegas. Entre el aire frío, las farolas de la ciudad y el agitado paisaje urbano, me aislaba gracias a mis auriculares. Aquel sonido inundaba todo de tranquilidad. Era la época en la que me entregué a las maravillosas creaciones de Boards of Canada, sumergiéndome en una sensación difícilmente descriptible: una extraña nostalgia sobre algo que no había vivido, un ensueño electrónico tan nuevo como familiar. Con ellas la ciudad y la vida se movían a un ritmo diferente, con un lenguaje que parecía mágico.

Boards of Canada es uno de esos grupos de culto cuyo sonido único sorprendió a todo el mundo. Su propuesta cálida demostraba cómo la electrónica sí que podía ser emocional y sensible. Influenciados por la escena IDM y trip hop, con un marcado toque ambient, quizás fueron los maestros en transmitir nostalgia a través de la música. Mucho antes del movimiento aesthetic y nostalgiacore, los hermanos Michael Sandison y Marcus Eoin forjaron su reconocible e influyente estilo.
Los conocí por accidente unos años antes, mientras veía el programa Nos queda la música de Telemadrid —al que le debo muchos descubrimientos—, y en un especial sobre electrónica pusieron su videoclip de Dayvan Cowboy (2005). Su montaje rescata antiguas imágenes de archivo, como la hazaña de Joseph Kittinger haciendo el primer salto estratosférico en los años 60. Las preciosas filmaciones acompañaban a aquella música que difícilmente se parecía a lo que había escuchado antes. Fue amor instantáneo. Necesitaba escuchar más.
Aquel vídeo tenía sentido, era profundamente honesto. No en vano, Boards of Canada se nutre de todo ese material que los hermanos veían de pequeños: películas, documentales y cortos educativos de los años 70 y 80. Todo aquello los marcó profundamente llenándolos de asombro y descubrimiento. Eran aficionados a los producidos por la National Film Board of Canada, de donde extrajeron su nombre y numerosos samples.
Los dulces recuerdos de la infancia se mezclaron con experimentación musical, donde los antiguos equipos analógicos, a veces estropeados, moldeaban el ambiente evocador. Junto a eso añadieron ritmos pausados y secuencias heredadas de la citada escena IDM, donde artistas como Aphex Twin abrieron nuevos caminos para redefinir la música electrónica. Boards of Canada no eran un subproducto, eran algo muy original lleno de referencias personales.
Y así, tras unos tímidos lanzamientos de maquetas y EPs, en 1998 sacarían finalmente su álbum debut: Music Has the Right to Children, toda una declaración de intenciones sobre lo que querían transmitir. La crítica y el público se deshicieron en halagos, pues aquello era un sensible soplo de aire fresco. Nadie sabía explicar por qué, pero todos sentían lo mismo al escucharlo.
Mi caso fue similar. Cuando ponía sus discos me hacían sentir bien, como si BoC me llevase de la mano a través de sus sensaciones íntimas y emociones, experimentando una nostalgia que no era mía pero que, sin embargo, entendía perfectamente. Me encantaba su ambiente y ese sonido tan lo-fi, los sonidos extraños y la belleza de la imperfección. Dudé muchas veces cuál era mi álbum favorito, y yo diría que es Geogaddi de 2002, pero el debut se mantiene especial al contener de forma accesible las bases de todo lo que vendría después.
Adentrarse en este disco es conocer los primeros refinamientos de un sonido atemporal. Se aprecia en sus sintetizadores, en sus ritmos psicodélicos, en los samples extraídos de material clásico. Por ejemplo, escucharemos muestras tratadas de antiguos programas de Barrio Sésamo, omnipresentes en toda esta obra, y cuya ausencia de contexto deja volar la imaginación. Es singular pero bonito, el pasado dentro del presente.
Como es habitual en esta época, nos encontraremos canciones más enfocadas a lo melódico/ambiental y otras predominantemente rítmicas. Las primeras nos descubren el tono de la obra, mientras las segundas nos sumergen en un trance IDM nada desdeñable. Todas tienen una duración diferente, y algunas destacan por ser pequeños interludios que se quedan grabados a fuego en nuestros oídos.
La apertura del disco es simplemente magnífica: Wildlife Analysis suena como una breve grabación estropeada de algún documental perdido. Enlaza directamente con la hipnótica y misteriosa An Eagle in Your Mind. En esta, indudablemente, aparece de fondo la narración de un documental sobre naturaleza, mientras los ritmos y los micro-samples vocales forman una textura en transformación. Los loops, las pequeñas melodías y los cambios dan forma al conjunto. Aquí ya aparece el sample de «I love you» que escucharemos de vez en cuando a lo largo del disco, extraído de Barrio Sésamo. The Color of the Fire es el primer interludio, un lisérgico experimento ambient que rescata todo el extracto del sample «I love you».
Ahora creo conveniente separar las canciones centrales según sus características, así podemos hacernos una idea fácil y ordenada del álbum, ya que van intercaladas. Empecemos por las predominantemente rítmicas: las percusiones tienen mucho peso y los loops de fondo dan ambiente. A menudo son largas, tienen un toque enigmático, incluyen algunos cambios progresivos e incluso detalles de scratching y secciones de cinta rebobinada. Las más evidentes son Telephasic Workshop, Sixtyten y Rue the Whirl. Ésta última me parece la mejor, donde sus 7 minutos de duración se me hacen cortos.
El segundo conjunto lo marca los preludios, interludios y piezas inferiores a dos minutos. Aquí encontraremos la base profunda, destacando esa conexión emocional que tiende puentes entre los diferentes temas. BoC son auténticos especialistas en diseminar estas perlas y tengo debilidad por ellas. A menudo ofrecen grandes melodías donde el sintetizador es el protagonista absoluto:
Triangles & Rhombuses se basa en un loop y varios efectos antes de una agradable sorpresa final. La pequeña belleza Kaini Industries nos lleva al minimalismo absoluto con una melodía entrañable… y un sample folklórico final que suena antiguo. El sintetizador usado aquí es muy reconocible, un Roland SH-101 que protagoniza buena parte del disco. Bocuma continúa la misma propuesta, aunque añadiendo más arreglos que la enriquecen hasta hacerla memorable. Olson es de mis favoritas, una pequeña y melancólica melodía que quiere emerger, hasta que de repente se para y un bonito piano que solo suena por el canal derecho le pone fin.
El tercer conjunto lo marcan aquellas canciones donde se fusionan ambas facetas de forma más evidente, integrando ritmo y melodía para hacer algo más complejo. Sacan todo el jugo y brillan por sí mismas:
Turquoise Hexagon Sun es la primera gran joya. Tranquila, hipnótica, melódica y con una sensación profundamente nostálgica, sin duda es de las mejores canciones del disco y un himno en la carrera de BoC. Tanto es así que la banda llamó a su estudio Hexagon Sun, ubicado cerca del paraje natural de Pentland Hills (Escocia, su tierra natal). Por cierto, ¿esos fragmentos de gente que parecen charlar en un parque no os evocan recuerdos?
Roygbiv es otro himno de la banda, y quizás la canción más famosa del álbum. Inocente, bonita, evocadora, lo-fi… En dos minutos y medio consigue transmitir demasiado. El título proviene del truco mnemotécnico que se usa en inglés para aprender los colores del arcoíris: Rojo (Red), Naranja (Orange), Amarillo (Yellow), Verde (Green), Azul (Blue), Índigo (Indigo) y Violeta (Violet). Hace referencia a la infancia, como la propia canción.
Aquarius se sitúa entre las mejores con esa mezcla perfecta de ritmos, loops y melodías. Está llena de extractos de Barrio Sésamo, desde diversos efectos hasta las voces y las risas de los niños. También contiene mini samples extraídos de la película Hair (1979).
Pete Standing Alone es encantadora con su paisaje sonoro lleno de matices. Smokes Quantity, sin embargo, se acerca más al ritmo y la sencillez.
El disco prepara su final con la preciosa y tranquila Open the Light, una auténtica sinfonía minimalista de sintetizadores, grabada en cinta magnética, como rescatada de esas increíbles películas documentales de antes.
One Very Important Thought es el último corte del lanzamiento original. Se trata de un sample adaptado de un anuncio contra la censura de contenidos, defendiendo la libertad de expresión y los derechos constitucionales. La música que suena de fondo contiene un extracto modificado de la canción Timeless (1975), de John Abercrombie, reutilizado en otros momentos del disco. Pretende hacernos reflexionar sobre las obras que han marcado nuestra vida, reforzando la experiencia y el concepto del tiempo. Dejo el texto completo porque lo encuentro interesante:
Now that the show is over
And we have jointly exercised our constitutional rights
We would like to leave you with one very important thought
Sometime in the future, you may have the opportunity
To serve as a juror in a censorship case or a so-called obscenity case
It would be wise to remember that the same people
Who’d stop you from listening to Boards of Canada
May be back next year to complain about a book, or even a TV program
If you could be told of what you can see or read
Then it follows that you can be told what to say or think
Defend your constitutionally protected rights
No one else will do it for you
Thank you
En ediciones posteriores también se incluye Happy Cycling, con tendencia rítmica, unos samples de gaviota que encajan perfectamente en el tempo y unos sintetizadores finales maravillosos. No es mala, aunque no funciona tan bien como cierre del disco.
…¿y la portada? La he dejado para el final porque aquí es donde se conecta todo. Al parecer es la fotografía de un viaje familiar de Michael y Marcus cuando eran niños (los dos sentados a la derecha), y las caras están borrosas imitando la degradación de la memoria con el tiempo. Aunque la imagen está volteada para que encaje en el diseño, el lugar de la escena es el Parque Nacional Banff (Canadá), y al fondo se ven las Montañas Rocosas, concretamente el monte Norquay. Ese muro aún existe hoy en día. Un bonito detalle, ¿verdad?
Canción destacada
Creo que escogería Turquoise Hexagon Sun con los ojos cerrados. Me encanta y me trae grandes recuerdos. Es imposible escucharla y no verme en aquella época, andando por las calles de Coruña como si la música se fusionara con las sensaciones y la ciudad. Acabó depositando su nostalgia en mí, después de todo.
Increíble la obsesión que se puede llegar con un grupo. Music o geogaddi. Yo me quedo con geogaddi.
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A mí también me gusta más Geogaddi, es su obra más compleja y completa. Aunque creo que Music es muy especial y el más adecuado para empezar a escucharlos.
Un saludo! 😁
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