Ultra (1997), de Depeche Mode

«What am I supposed to do?»

Depeche Mode es por derecho propio mi grupo favorito. Me acompañaron desde mi infancia, pegaron fuerte en mi adolescencia, y aún con el pasar de los años no hubo nadie que se acercase a ellos. Fueron la puerta de entrada a todos los estilos que escucharía posteriormente, sobre todo el synthpop y todo lo relacionado con el postpunk, ámbitos desde los que evolucionaron de forma sutil. Etiquetados hoy en día como rock electrónico, su reconocimiento llegó tras saltar las fronteras como banda de nicho. Sólo el tiempo y su excelente carrera musical pondrían en evidencia que fueron y siguen siendo uno de los mejores grupos alternativos del mundo, así como uno de los estilos sonoros más emulados de la industria.

Podría hablar largo y tendido de ellos —y seguramente lo haga en un futuro—, de igual modo que podría haber empezado hablando de mi álbum favorito, Violator (1990), una joya indiscutible de culto. O si acaso del primer casete pirata que conseguí de ellos siendo niño, el fabuloso 101 (1989) que supuso la primera recopilación que tuve gracias a ese concierto, uno que sonó increíble en aquel abarrotado estadio de Rose Bowl en Pasadena.

Sin embargo debo reivindicar Ultra (1997), un álbum muy especial para mi y para muchos devotos. Casi ninguneado por la crítica especializada, suele sacar puntuaciones notables cuando se trata de reseñas hechas por el público. Es el disco más oscuro, sarcástico e íntimo de Depeche Mode, una pieza de transición nacida de una mala época en la que ansiaban demostrar que, a pesar de todo, seguirían haciendo la (buena) música que les daba la gana. Fue planeado como el último trabajo de su carrera, pero sin embargo renacieron en todos los sentidos.

Tras su salto al éxito con Music for the Masses (1987) y el citado Violator, donde ya experimentaban con guitarras, llevaron su sonido hacia algo más rock con Songs of Faith and Devotion en 1993. Con el cantante Dave Gahan sumido en las drogas y el resto de miembros lidiando con el mal rollo y el alcohol vendría una extenuante gira que acabaría en desgracia: el intento de suicidio de Gahan, los problemas de ansiedad del recientemente fallecido Andy Fletcher, las dudas existenciales de Martin Gore y el abandono de la banda por parte de Alan Wilder. Éste útimo fue el genio en la sombra, el que cultivó ese sonido característico de Depeche lleno de sintetizadores. No en vano tenía estudios de música, y se metió tan de lleno en el grupo que acabaría adoptando roles de ingeniero de sonido y mezclador entre otros. Los mejores discos son los que fueron mimados por Wilder en cada detalle.

Con ese panorama era difícil sacar adelante otro disco. Poco a poco la cosa consiguió estabilizarse lo suficiente para grabarlo, no sin muchas dudas y trabajo. El grupo quedó establecido como un trío, necesitaron bastantes músicos de apoyo y un ambiente tranquilo para ayudar en la recuperación de Gahan. Una atmósfera sombría pero reflexiva, una época de lecciones aprendidas y ganas de soltar lastre en unas letras oscuras, y sobre todo una evolución sonora que no iba a renegar del camino trazado en 1993. Querían guitarras, querían country, querían jazz, querían sintetizadores… querían todo lo que les gustaba para una despedida.

En la ingenuidad de mi adolescencia llena de granos en la cara no sabía nada de esto. Más allá de Violator y 101 no tenía más material de ellos a excepción de algunos videoclips. En el año 2002, en una oscura tarde de septiembre u octubre, me dirigía a la papelería de mi pueblo para comprar unos mapas físicos para el instituto. En el mostrador había una caja de CDs de música a 6 euros, cosa rara en una papelería tan pequeña. Rebuscando en la caja encontré el de Ultra y los ojos se me pusieron como platos: conocía el disco y las canciones It’s No Good y Useless, me encantaban esos temas y sus correspondientes videoclips. Tras comprar los mapas salí como un cohete de la papelería para ir a casa, sacar 6 euros de la hucha y volver como alma que lleva al diablo para comprar el disco, como si alguien en el mundo pudiese adelantarse y llevárselo. Era mío, mi tercer disco de Depeche Mode estaba en mis manos y tenía claro que iba a devorarlo.


Y lo hice. Sentado delante de mi flamante IBM con Windows 98 me calcé muchísimas veces este disco, hipnotizado por su sonido y las maravillosas fotografías interiores de Anton Corbijn. Reconozco que en un principio me costó encontrarle el gusto, no por malo sino por diferente. Era jodidamente oscuro y a excepción de algunos tracks era muy pausado. Las canciones eran muy largas, casi todas rozando los 6 minutos, y estaba claro que las letras tenían muchísimo peso. No tuve más remedio que buscarlas traducidas en internet para entender qué narices decían exactamente, por qué ese álbum era tan diferente. Todo mi conocimiento sobre el mismo y la banda vendría después, no sin antes marcar prácticamente todo aquel curso académico donde deseaba llegar a casa para escucharlo.

El álbum abre con la potente Barrel of a Gun, donde habla sobre los vicios y las inseguridades a las que lleva una relación bastante abusiva. Sigue con The Love Thieves, que marca el ambiente tranquilo del disco mientras saca a relucir las miserias y contradicciones del amor bajo una letra llena de referencias religiosas, marca de la casa de Depeche Mode (cómo me gusta ese rollo). Home (cantada por Martin Gore) es el sincero réquiem de alguien que ha conseguido salir del abuso de sustancias.

It’s No Good es una de mis favoritas gracias a un simpático videoclip, un ritmo muy bailable y una sarcástica letra, poniéndose en el papel de una persona vanidosa que no consigue aceptar el rechazo. Uselink es una pequeña pieza instrumental basada en sonidos electrónicos que hace de puente hacia la segunda parte del álbum, inaugurada por la fantástica Useless. Ésta, también con un soberbio videoclip, es una bronca hacia aquellos que se desconectan de la realidad por ciertas ideas y cómo afectan a los demás; o si acaso llama «inútil» a alguien. Personalmente me gusta más la mezcla del single gracias a la línea de bajo distorsionado, claramente el protagonista sonoro de la canción.

Sister of Night es de las más bonitas y crípticas. Bajo su apariencia de erotismo, donde se siente sexualmente atraído por una mujer triste, también se esconden referencias al mundo de las drogas y la soledad que causa. Nada extraño si recordamos el contexto del que hablé más arriba, y que demuestra cómo el grupo se desnuda emocionalmente sobre estos temas y cómo los vivieron. Como apunte anecdótico, fue la primera canción que grabaron y tuvieron que editar múltiples tomas de la voz de Gahan. Después de esto estaba claro que no podía continuar, y decidieron hacer el parón para que se desintoxicase completamente. Tras unos meses volverían al estudio para completar todo el disco.

Jazz Thieves es el segundo corte instrumental. Tras esto empieza la tercera y última parte de esta colección abriendo con Freestate, todo un canto a la libertad bajo un sonido country y un maravilloso riff de guitarra. En ella se sugiere cambiar de actitud para liberarse de esas ataduras y demonios, dejándose fluir.

La también tranquila The Bottom Line es la última referencia a eso de perderse en la vida. Ambigua en cierto modo, describe esas leyes no escritas que rigen la excesiva compasión o fe que le tenemos a cierta gente, haciendo que toquemos fondo. Sin embargo el punto y final lo pone Insight, preciosa y esperanzadora, donde una intuición anima a salir adelante mientras nos deja ver el mundo girar y como «el fuego sigue ardiendo».

…aunque la última sorpresa, para quien tuviese el disco original, venía tras unos cuantos minutos de silencio donde aparecía el último instrumental totalmente electrónico. Esta pista no estaba acreditada, haciendo de ella una canción secreta. Su título real: Junior Painkiller.

Canción destacada

Es difícil no poner a It’s No Good como uno de los mejores temazos de la banda, así que sería mi recomendación. No obstante Useless le sigue muy de cerca.

11 comentarios en “Ultra (1997), de Depeche Mode”

  1. (Maldito Christian que bien escribe) ¿He dicho eso en alto? :þ

    Con DM me pasa algo similar que con RadioHead. Cuando en su tiempo se publicaban sus discos, yo estaba más en otro orden de cosas… Escuchaba su música en Radio3, pero no me terminaban de gustar. Me iba más el rock, tanto estatal como internacional, pero más rock…

    Con el tiempo mucho después les descubrí. A RadioHead descargando sus discos (algo que antes no podías hacer o los comprabas o no había manera de simplemente escucharlos para saborearlos) y descubrí una banda genial. Me gustan mucho!! Con DM mi pareja compró un doble CD con los singles y también descubrí una banda y unos sonidos que me embaucaron… sentí dejarlos pasar en su momento, pero agradecí haber abierto mis gustos musicales y dejar que entraran más aromas y sabores a mis orejas!

    Y sí, gran disco lleno de grandes temas!!

    Saludos!!

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    1. A mí me pasó al contrario. Estaba más interesado en los sonidos electrónicos, y solo con el tiempo fui adentrándome en el rock, repasando su historia.
      Y también agradezco esa reconciliación con el género, al que tildaba de aburrido comparado con la electrónica.

      Gracias y un saludo!

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  2. Ya había comentado en el post de Violator anteriormente y al igual que en ese puedo encontrar un texto muy entretenido de leer en este. Estoy pensando en cuál de los tres álbumes elegir para comprar, si Exciter, Ultra o Black Celebration (cualquiera de los tres está en edición coleccionista), me dieron ganas porque hace poco pasé por una tienda y pude conseguir Violator junto con una libreta, el dvd y el cd.

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    1. Cualquiera de esos 3 me gustan, aunque yo pillaría el Ultra. Personalmente creo que es el mejor en todos los aspectos, aunque Black Celebration también está bien!

      Gracias por pasarte y un saludo, me alegro que te gustase. 🙂

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