Fascinación futurista (II): Blade Runner

La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo.

Si Total Recall fue la primera película de ciencia ficción que me fascinó en la vida siendo todavía un niño, entonces Blade Runner (1982) supuso el verdadero amor por el género. De hecho en cierto modo una llevó a la otra. Recuerdo ver esta obra de Ridley Scott cuando era adolescente, en una tarde frente a mi ordenador. Por cierto, una tarde oscura y lluviosa. Creo que conseguí una copia gracias a mi colega Javi y su eMule. Quería verla tras descubrir la famosa canción de los créditos finales, obra de Vangelis, pues la escuché en un programa de TV y llamó mi atención. Tenía unas expectativas equivocadas pero me dejó boquiabierto, extrañado y profundamente intrigado.

No era una peli de acción, no había la intensidad que esperaba ni una historia tan accesible. Era sucia pero no como Total Recall, era futurista pero no como una space opera. ¿Qué era esa mezcla visual y estilística? ¿Por qué un ritmo tan lento y un ambiente tan sombrío me tocaban la fibra? ¿Por qué parecía tan detallada? Necesitaba verla otra vez.

La primera versión que tuve fue una edición clásica con la voz en off y era horrible. Luego conseguí otra sin la narración: ahora la entendía, conectaba con ella después de dejarle todo el protagonismo a las imágenes y secuencias sin diálogos. El posterior montaje final lanzado unos años después era perfecto y confirmaba que se había convertido en mi película favorita, hasta me compré una edición coleccionista en DVD con caja metálica y muchos extras. También supuso conectar definitivamente con Philip K. Dick.

Ridley Scott ya había demostrado con Alien (1979) que se le daba genial la ciencia ficción, así que a principios de los 80 empezó a rodar con muchas dificultades Blade Runner. Habitualmente se encuentran historias de que su rodaje fue problemático, en parte por la batalla del director con los estudios. Aún así su excepcional producción queda fuera de toda duda, con geniales efectos especiales, una música sintetizada novedosa, una fotografía muy bonita y un diseño increíble. Si alguien ve los making off le aseguro que disfrutará de los cientos de detalles que no se aprecian en pantalla y que configura el universo cyberpunk por antonomasia. **

La película fue la primera adaptación al cine de una novela de Philip K. Dick, llamada ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968). Aunque se basa libremente en el libro tuvo la admiración del propio autor, quien nunca la vería terminada. Murió justo antes del estreno y me parece poético que el fallecimiento de Dick diera paso al nacimiento de un universo que sólo estaba en su cabeza. Es la piedra angular de todo un estilo dentro del sci-fi al que sólo Neuromante le pondría la puntilla unos años más tarde (1984), y explotaría con el rolero juego de mesa Cyberpunk (1988).

Los Angeles, 2019

Uno de los aciertos estilísticos de la película es su empeño por conservar elementos elegantes, clásicos y multiculturales dentro de un marco futurista. Conecta Occidente con Oriente saturándolo de escritura china y japonesa, haciendo gala de bonsáis y algunas figuras budistas, así como algunos elementos árabes. Y tenemos esas tipografías con serifa de los títulos, los uniformes de la policía, los edificios de estilo art decó, sus interiores que a veces parecen mid-century… Todo va a la perfección con ese ambiente noir, tenue pero lleno de puntos de luz, plagado de detalles y mezclas, donde las líneas tecnológicas más modernas brillan rodeadas de esos elementos del siglo XX.

Contrasta con sus calles llenas de puestos comerciales, de paneles luminosos de publicidad, con edificios enormes y megaestructuras… Supongo que en la época se inspiraría, cómo no, en Japón y los barrios chinos de Estados Unidos. La mezcla de su vestuario, los paraguas con varilla de neón, los spinner, las máquinas y gadgets (mención especial a ese ampliador de imagen imposible que se adelantaba a CSI), el lujoso apartamento retro-futurista de Deckard… Incluso el epílogo y la intro. Cada plano me parece un orgasmo estético al que Vangelis pone melodía como sólo él hacía en aquellos años.

Destacar la influencia de Metrópolis (Fritz Lang, 1927) así como del cómic The Long Tomorrow hecho por Moebius en 1975, donde ya se mostraba un diseño similar. Las obras del dibujante seguirían inspirando a decenas de películas, y es especialmente llamativo todo el trabajo que hizo para la fallida Dune que quería rodar Alejandro Jodorowski (que de haber existido estoy convencido de que sería una obra de culto).**

Como recurso notable tenemos el de los ojos, espejo del alma: hay decenas de detalles que incorporan este elemento. La intro donde aparece el ojo del entrevistador, los test Voight-Kampff, el taller de Chew, el reflejo de las pupilas en los replicantes, la broma de Roy a J.F. Sebastian, la muerte de Tyrell…

«—¿Le gusta nuestro búho?

—…¿Es artificial?

—Por supuesto.»

La atmósfera que impregna todo el conjunto es el de una Tierra colapsada, llena de esmog, perennemente cubierta de nubes y lluvia. Su sociedad ha normalizado la ingeniería genética, habiendo muchos empleos relacionados con ella. Los animales que se ven en algunas secuencias son claramente productos tecnológicos fruto de ello, bienes de auténtico lujo. Quien no se dedica a la zoología puede probar con sus habilidades en ingeniería humana… o más bien en la de los replicantes.

Los Nexus son el súmmum de la perfección en esa industria, androides biológicos que imitan e incluso superan las cualidades humanas salvo por un detalle: no tienen emociones. La carencia de recuerdos supone negarles de un soporte emocional a largo plazo que se descontrola cuando ellos mismos empiezan a sentir cosas. Habiendo detectado esa causa los modelos de la sexta generación incorporan un doble sistema de seguridad: llevan de fábrica recuerdos implantados para amortiguar el sufrimiento emocional y poder controlarlos mejor, mientras que la vida útil de cada unidad es de 4 años. Pasado ese tiempo mueren.


Con el desarrollo de la trama podemos observar detalles que a veces debemos hilar con cierta meticulosidad. Por ejemplo, Rachel desconoce su naturaleza y en su ignorancia accede al test de Voight-Kampff que Tyrell pide a Deckard. A pesar de sus respuestas emocionales válidas él sabe que la mujer es una replicante, y le genera dudas existenciales sobre ciertas cosas. Porque sí: Deckard es también un replicante, aunque no se dice de manera directa en el film —de ahí su controversia durante años— y existen muchos detalles que lo dejan claro.

Deckard intuye cosas de sí mismo y su realidad, cuya respuesta emocional le lleva a experimentar sentimientos de miedo, amor y remordimientos que calma con sus recuerdos y un poco de alcohol. Rachel se encontrará con algo similar y la confianza mutua que sentirán entre ellos es la semilla de su romance. La relación entre Pris y Roy también se basa en algo similar. Conocer la propia naturaleza artificial implica sentir temor ante la idea de ser perseguido y retirado, por no hablar del vacío que generan unos recuerdos que resultan ser falsos.

«—Quiero más vida, padre…»

Por tanto es el miedo a la muerte lo que mueve a los replicantes a escapar de su condición de títeres y esclavos, a recurrir al asesinato si es necesario con tal de conseguir el camino hasta Tyrell. Las preguntas que les obsesionan incluyen términos técnicos como «morfología, longevidad, fecha de nacimiento», a las que nadie sabrá darles la respuesta que buscan. ¿Acaso su motivación no es tan humana como cualquier otra? ¿No es, justamente, el miedo a la muerte el que los encamina al libre albedrío?

La idea existencialista de Blade Runner plantea un futuro donde los límites del ser están difusos, donde la tecnología nos supera a nosotros mismos: jugamos a ser Dios y nuestra creación se da cuenta. Las sensaciones y la autoconsciencia eliminan las barreras entre lo que significa «vivo» y «no vivo». ¿No es ese un debate abierto con la IA en nuestros tiempos? Vaya, así que una vez más se adelantó…

La famosa escena donde Roy Batty pronuncia su ya mítico monólogo es la conclusión perfecta de la idea. Habiéndolo perdido todo, sin ninguna esperanza tras el encuentro con su creador y teniendo la mentalidad de un niño en un cuerpo de adulto, Roy pelea contra Deckard negándose a morir pero sabiendo que su final se acerca. Decide que su amor por la vida es más importante y siente una curiosidad innata por su rival, al que acaba perdonando de la muerte. Antes de apagarse para siempre le hace saber que en su corta vida, desde su fuga de las colonias espaciales, ha contemplado más maravillas que muchos humanos:

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de ataque en llamas más allá del hombro de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

Rutger Hauer, actor que encarna el papel, murió en 2019. El mismo año en que se ambienta el film.

El final llega cuando Deckard encuentra el famoso unicornio de origami que le desvela que Gaff, su misterioso «compañero», conoce sus sueños. Por tanto confirma que es un replicante vigilado por Gaff, quien con ese detalle le da la oportunidad de la vida, y la decisión de escapar con Rachel es su motivación para vivir en libertad. El verdadero final es el que acaba con las puertas del ascensor cerrándose, dejándonos con la duda de qué habrá pasado después.

«—¿Ha retirado a algún humano por error?

Sin embargo mi escena favorita creo que es la del retiro de Zhora por muchos motivos, ya que resulta la primera muerte emotiva del film. Habiendo rastreado al creador de una serpiente artificial, Deckard encuentra que la replicante se oculta en un local nocturno donde trabaja como vedette y posee dicho animal. Consigue hablar con ella intentando engañarla, pero Zhora se da cuenta de que va a ser capturada. Tras una breve pelea escapa por la ciudad en medio de una multitud y Deckard la persigue.

Finalmente empiezan los disparos cargados de dudas del Blade Runner. Zhora es alcanzada y a pesar de todo sigue corriendo vestida con su precioso chubasquero de plástico transparente, atravesando en su agonía todas las cristaleras y escaparates de moda llenas de neones. Cuando queda tendida en el suelo la policía acude para darle vuelta al cuerpo, cuya rigidez confirma que era una replicante, motivo por lo cual Deckard se siente aliviado y abrumado. En el primer plano de la cara de Zhora se aprecia cómo cae una lágrima de sus ojos, insinuando que murió con miedo y consciente de lo que eso significaba. A su alrededor los cristales rotos reflejan las luces.

Una escena muy bien hecha que disfruto a pesar de que mantiene fallos de rácord y vestuario. Incluso siendo exquisito con esos detalles me sigue encantando, y las mejoras por ordenador que se le hicieron para las remasterizaciones funcionan correctamente.


—“No somos computadoras, Sebastian. Somos físicos.”

Blade Runner puede que no sea de visionado fácil: es lenta, requiere de atención y no creo que muchos conecten con su mensaje. Pero es que es un peliculón en todos los sentidos, una obra con la que disfruto plenamente por su profundidad. Ciencia ficción de muy alto nivel que la puso como referencia del cine y el género, aunque inicialmente no tuvo ningún éxito comercial. Siempre que la veo siento una extraña paz que me reencuentra con las eternas preguntas del ser humano.

No hace falta recalcar que Blade Runner creó escuela por sus decorados, detalles y temáticas que servirían de inspiración a muchísimos otros. Si contamos todas las veces que fusilaron su estilo entonces tendríamos que eliminar buena parte del sci-fi de los últimos años. Al final de sus créditos aparece una dedicatoria a la obra de Philip K. Dick, que sin ella probablemente no tendríamos nada de este universo.

Poco tengo que apuntar sobre la banda sonora: Vangelis en su mejor momento y una sinfonía de música electrónica. Mi pieza favorita es Memories of Green («Recuerdos de un novato», evocador título) que no es original sino que ya podía escucharse en su disco de 1980 See You Later. Si la colección clásica ya es una buena BSO para disfrutar, entonces la edición especial 29 aniversario es una curiosidad obligada. Ahí puede encontrarse la bonita música que suena en el test Voight-Kampff de Rachel.

Decir que esta película es mucho mejor verla en original, tanto por detalles en los diálogos como por las actuaciones. Aún así reconozco que el doblaje en castellano tiene su magia.

En 2017 salió la deficiente secuela Blade Runner 2049, que no salva ni la dirección de Denis Villeneuve: un producto comercial hecho por y para el abuso de nostalgia, una extensión absurda de la cinta de 1982, un revival trilero de su espíritu. Se me hace aburrida. Aunque puede presumir de un buen comienzo y un buen diseño hace aguas por todos lados, regalándonos un final ridículo que copia hasta la melodía. Como fan del clásico siento que es un insulto a la memoria de una película tan única y autoconclusiva, cuyos cabos sueltos eran justamente los que preservaban el mito.


Como nota final dejo las fechas de creación de los replicantes a modo de curiosidad:

  • Roy: 8 de enero de 2016 / Nº de serie N6MAA10816 / Combate y defensa colonial
  • Pris: 14 de febrero de 2016 / Nº de serie N6FAB21416 / Modelo erótico
  • Zhora: 12 de junio de 2016 / Nº de serie N6FAB61216 / Brigada de homicidios
  • Leon: 10 de abril de 2017 / Nº de serie N6MAC41717 / Cargador de municiones

El número de serie recoge el modelo (Nexus 6), el sexo (M, F), el nivel físico y mental (A, B, C) así como la fecha de nacimiento en formato americano. De ello extraigo un par de cosas: Roy es el modelo superior teniendo el rango máximo de cualidades físicas y mentales, mientras que Leon es el más tonto. La ficha de éste último también muestra un error, ya que el número de serie dice que se creó el día 17 y no el 10.

¿Se nota mucho que es mi peli favorita?

** Recursos adicionales:

Discussing the Set Design of Blade Runner [The American Society of Cinematographers]

The Long Tomorrow & Other Science Fiction Stories [Moebius]

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