No sé si es alguna especie de sesgo de confirmación, pero cada vez veo más opiniones que encajan con la idea de que internet se está volviendo pesado y aburrido, que ya no es lo que era. La «enmierdificación», como lo llama Corey Doctorow: un proceso por el cual las grandes tecnológicas —y sus prácticas— confeccionan un panorama que gana terreno a los usuarios. Ya no parece haber esa espontaneidad, ese sentimiento puramente humano de reunirse y compartir. La capitalización se ha comido prácticamente todo, y el Internet de las Cosas parece volverse cada vez más grande por la domótica. El antaño espacio común empieza a mutar en otra cosa.
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Creo que viene una tendencia para los próximos años: el aburrimiento paulatino con las redes sociales y servicios, facilitado por esa repetición nauseabunda y la comercialización progresiva. Poco a poco la gente irá dándose cuenta que las conexiones sociales de verdad son mínimas en esas plataformas, quedando como páramos para los «creadores de contenido», la publicidad y un puñado de consumidores que no se han enterado de qué va el tema. En resumen, quizás veamos cómo tras 20 años este modelo de web pasa de moda porque ni es novedoso, ni impresiona, ni resulta edificante.
Algo así intentaba explicar Sam Kriss con su artículo The Internet is already over, o incluso Elizabeth Tai con su Is the Internet really broken?. Podría decirse que internet ha muerto de éxito, que nos ha superado a nosotros mismos. La acumulación de contenido irrelevante (TikTok y compañía), el exceso de SEO, las legislaciones y los jardines vallados podrían enterrar todo aquello que un día lo hizo grande. La destrucción de las gestiones y la vida offline lo harán un blanco obvio de ataques y manipulaciones, y nosotros vamos detrás.
Hay que empezar a humanizar internet. Cada año que pasa me parece más importante volver a las comunidades, foros, blogs, etc. Volver a esa federalización de la red, a esa convivencia de espacios propios y privados; recuperar ambientes más cálidos y personales que contribuyan a la cultura y a las relaciones personales de verdad. De paso hacerlo más seguro al huir de la masificación e invertir en «pequeñas infraestructuras». Nada que no haya dicho ya varias veces en el blog y que cada vez más gente reclama.
¿Qué harán las siguientes generaciones? ¿Dejarán que internet sea algo omnipresente y automático, indomable como el viento? ¿O acaso no querrán cometer los errores de sus padres y abuelos, reviviendo la época de los webmasters? ¿Existe ese futuro?
Internet era nuestra herramienta. Ahora parece que nosotros somos la herramienta de internet.
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Muros digitales, tecnofeudalismo y web pequeña
Imagen: Rawpixel
Ahora mismo estamos viviendo un cambio fuerte en el «Internet histórico», no solo por el control de grandes corporaciones, sino por cómo andan sueltas las IAs por la web. Muchas personas están modificando su comportamiento online al sentirse vigiladas (falta de privacidad) o explotadas (uso de su contenido por terceras partes que lo monetizan sin permiso del autor original).
Mi duda hacia el futuro es si las personas recuperaremos el Internet (WWW), haciéndolo más humano, o por el contrario nos iremos desplazando hacia protocolos como Gemini; en el sentido de buscar un estándar sumamente simple y cerrado, con intención de evitar que la extensión del mismo lo enmierdifique.
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Esa es la otra cara: podremos, como mínimo, convivir ambos modelos en la Web o tendremos que pasar a otro protocolo? El futuro pasa por otro tipo de redes?
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[…] A ver si Sam Kriss tenía razón y resulta que internet está acabado. […]
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[…] Ya sea en el bien acogido post titulado Zeitgeist o en el personal ¿Y si…?; también los de Humanizar internet, Influencias de la web pequeña o el clásico La «small web», tierra de duros de matar entre […]
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[…] Humanizar internet […]
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