Normalmente navego con una de esas extensiones que ocultan los avisos de las cookies, ya que son realmente molestos. Este fin de semana estuve de viaje y para leer algunas noticias usé el navegador del móvil, donde no tengo ese tipo de bloqueadores. Irremediablemente me fijé en esos banners que están obligados a mostrarse por ley en la Unión Europea, y me parecieron flipantes. Compartí algunos comentarios al respecto en Mastodon y recibí un buen feedback.
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Esta cuestión tiene mucho donde rascar. En primer lugar todos sabemos que son una guarrada de diseño para meterla doblada. Por ejemplo, el botón «Aceptar todas» suele estar coloreado o se usan diferentes diseños creados para confundir y que, por simple estímulo visual inconsciente, hagamos clic donde no queremos. Muchos invierten las normas de jerarquía visual a propósito para conseguirlo.
En segundo lugar está el tema de rechazarlas, que nos suele llevar a un enorme menú en el que debemos hacer clic en todas las opciones que denegamos. No sería un problema salvo por el pequeño detalle de que hay que repetirlo en todas y cada una de las páginas que visitamos. Con ello se produce una fatiga de uso que, o bien terminas claudicando y aceptas todo o bien instalas alguna extensión que bloquee dichos popup.
En tercer lugar está la enorme cantidad de «compañías» implicadas en la recogida de datos por cookies, y con ello el rastreo. En los avisos están denominados como «socios», y asusta ver su número. Por ejemplo, en el periódico La Razón ascienden a 738, en El País a 780, en Público a 777, en El Mundo a 866, y así sucesivamente. Cualquier cosa que lleve el lucrativo negocio de la publicidad nos mete a calzador a casi un millar de empresas que se hacen con nuestros datos de navegación para sus intereses. Ello implica la creación de perfiles y patrones de uso, así como datos de los dispositivos y geolocalización. Y eso solamente en webs de periódicos, no nos pongamos a hacer números con todas las demás que visitamos todos los días…
Es una auténtica locura. La publicidad y el marketing en internet se han vuelto la tapadera perfecta para asaltar toda nuestra privacidad e intimidad, accediendo a cosas que serían propias de un seguimiento policial. La trampa reside en que piden nuestro permiso, y junto con las técnicas anteriormente descritas se lo ponemos fácil para acceder a toda esa información sensible.
Esto debería terminarse, por ley o batallando con extensiones y boicots. La excusa de «el servicio es gratis y con algo debemos ganar dinero» ya está tan manoseado que es imposible creerlo, visto lo visto. Eso o nos toman por tontos, que seguramente también.
Consent-o-Matic, extensión para rechazar cookies automáticamente y cerrar popups
Imagen: Rawpixel
Como bien dices, es atroz manera en la que pervierten el consentimiento del usuario bajo una fachada de consentimiento del que, en realidad, apenas se nos informa.
I don’t care about cookies (con sus pegas éticas), Ublock origin, Noscript, Privacy Badger, no usar Chromium y/o derivados e instalar Firefox que sí permite instalar complementos en su versión móvil; en F-droid, están disponible tanto Fennec (un fork de Firefox que extirpa la telemetría de su código fuente) como Buran para leer cápsulas gemini.
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Configurar adecuadamente la navegación debería ser un básico de todo el mundo. A lo mejor no cambiaría radicalmente las cosas, pero sí sería un buen toque de atención.
Sin embargo el gran problema de Chrome y su omnipresencia es más difícil de esquivar por ahora.
Un saludo!
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Llevo unas semanas impartiendo un taller de ciberseguridad a algunos vecinos. Las medidas que comentas son muy correctas, el problema es que al usuario medio le resulta muy difícil aprender todo eso para protegerse en internet, no hay derecho. Se podría prácticamente crear algo así como un módulo de FP sobre autodefensa digital, sólo para aprender a defender tus derechos en internet, sin nada de programación, servidores, simplemente para hacer respetar tus derechos en internet.
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[…] Los caminos de internet son inescrutables… o no. Creo recordar que en algún sitio —no sé si aquí en el blog o por Mastodon— dije que la privacidad sería el negocio del futuro. Bueno, parece que eso ha llegado antes de lo previsto de la manera más retorcida, y no exactamente como yo pensaba. Lo que me he encontrado debería tener otro calificativo que aún no he decidido, pero me temo que es un tanto vulgar. Agárrense a la silla porque se viene la segunda parte de esa maravillosa aventura llamada «los pop-up de las cookies», a la que ya dediqué una cariñosa entrada. […]
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[…] El cachondeo de las cookies y sus problemas […]
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