13 (2013), de Black Sabbath

«Well I don’t wanna live forever / But I don’t wanna die»

Tras los recientes acontecimientos en torno a Black Sabbath —su exitoso concierto de despedida y la muerte del cantante Ozzy Osbourne a las pocas semanas—, se merecían una entrada en el blog. Son los míticos padres del heavy metal desde 1968, los creadores del sonido oscuro del género y una gran inspiración para otras bandas que admiro como Soundgarden, Melvins, Alice in Chains o Windhand. A pesar de sus constantes altibajos y cambios de formación, la época clásica del grupo —con Ozzy Osbourne a la voz, Tony Iommi a la guitarra, Geezer Butler al bajo y Bill Ward a la batería— suele considerarse la mejor, con discos importantes para la historia de la música. De hecho, es mi etapa favorita.

Con la expulsión de Ozzy en 1979 debido a sus adicciones, éste iniciaría su carrera en solitario, dando comienzo a una historia plagada de litigios y pullas entre ambas partes, aunque se reunirían esporádicamente en varios eventos a lo largo del tiempo. Estaba claro que su ruptura les había dolido, y con los años pudo comprobarse. Tras cuatro décadas en activo, Black Sabbath dio por terminada su (irregular) carrera, deseando aparcar los problemas personales y grabando el último disco juntos: 13. Todos rondaban los 65 años de edad con mucha historia a sus espaldas. Iommi, además, empezaba una larga pelea contra el cáncer.

Por desgracia, Bill Ward decidió retirarse debido a algunos desacuerdos. Para sustituirlo en el estudio contaron con Brad Wilk, el batería de Rage Against the Machine, quien hizo un excepcional trabajo. La producción estuvo a cargo del polémico Rick Rubin, un grande cuyo enfoque es más intuitivo que técnico, y con unos aires de gurú musical que a veces provocan escepticismo. Pero debemos reconocer que evolucionó el sonido del rock y es una gran influencia, colaborando con bandas como Slayer, Red Hot Chili Peppers o System of a Down.


El álbum fue bien recibido por la crítica y el público, con buenas ventas y siendo considerado uno de los mejores lanzamientos de ese año. A pesar de ello, la banda criticó el enfoque de Rubin y las limitaciones que les impuso, pero yo rompo una lanza a favor del productor: sus métodos, aunque bruscos, resultaron eficaces. Rubin les hizo escuchar su primer disco de 1970 y les pidió que se olvidasen de todo lo demás, una actitud que les molestó. Además, buscó una atmósfera vintage procesando lo menos posible y optando por equipos analógicos.

La banda se sintió limitada y controlada, pero hicieron un gran trabajo. Rubin les devolvió a su esencia, a su sonido característico, y con eso brillaron. No podemos saber qué habría ocurrido con otro productor, pero sin duda 13 es un final apoteósico para su carrera y deberían estar orgullosos.

En él tenemos a los Sabbath más doom y pesados, con unas fuertes raíces blues que son marca de la casa. Butler volvió a componer sus oscuras letras bajo la sabiduría de la edad, aunque aseguró que no estaba especialmente inspirado. Creo que fue demasiado duro consigo mismo: recuperó temáticas clásicas sobre la muerte, la vida, las drogas y sus efectos, cierto toque de ocultismo y preguntas ambiguas sobre Dios. A mí al menos me gustan, conecto mucho con ese rollo, aceptando que algunas tienen cierta simplicidad.

Mi principal crítica negativa hacia este álbum toma dos enfoques. En primer lugar, la enorme diferencia que supone escuchar el lanzamiento estándar de 8 cortes con respecto al extendido de 11: sin duda éste último me parece mejor, descubriendo un par de buenos temas. Por otro lado, regaño a las canciones Age of Reason y Damage Soul por dilatar pasajes innecesariamente. El disco me encanta, pero a veces se enreda un poco en esos detalles. Aún así es un buen lanzamiento, una gran experiencia cuando aceptas su propuesta.

La portada exhibe un gran número 13 en llamas, que ilumina la oscuridad de un campo con un aire casi esotérico. Esta figura fue hecha con mimbre, teniendo una altura de más de 2 metros y medio, y se ubicó en la fría campiña inglesa de Buckinghamshire para ser pasto del fuego. Aquí hay un pequeño vídeo del momento.


En el año de su lanzamiento yo estaba volcado en descubrir música nueva. Aunque conocía a Black Sabbath, todavía no llamaban mi atención… hasta que vi este disco destacado en Album of the Year, donde los usuarios celebraban la vuelta de ese señor con gafas redondas que me hacía tanta gracia: Ozzy Osbourne.

Reconozco que no estaba acostumbrado a este género, pero me enganchó desde el principio. Sin darme cuenta estaba conectando con ellos y descubriendo el doom metal. Gracias a él empecé a visitar su discografía, y varios LP terminarían en mi colección. Este en concreto se quedó como uno de mis favoritos.

Aunque el grupo tuvo largas ausencias y Ozzy acostumbraba a anunciar el fin de su carrera, esta vez iban en serio. Black Sabbath ya no volvería a grabar ni a hacer más conciertos, era su retiro definitivo, y no pudieron hacerlo mejor.

Por suerte, y a la vez por desgracia, ahora sabemos que no sería la última: en este año 2025 volverían a reunirse y tocar junto a Bill Ward en su Birmingham natal, siendo el involuntario réquiem perfecto para Ozzy, el Príncipe de las Tinieblas, una leyenda viva del rock. Con ellos pudo despedirse para siempre rodeado de sus míticos colegas, a pesar de enfrentar un Párkinson que literalmente le estaba matando. Y como cantaba en este genial 13: ¿fue el final del principio, o el principio del fin?

Descansa en paz querido Ozzy, nuestro loco favorito.


El álbum tiene un buen puñado de temas fantásticos y consigue un sonido increíble, con Tony Iommi coronándose en los riff y Butler echando humo con su metálico bajo. Las 4 primeras canciones ponen muchísima carne en el asador, empezando por la adecuada End of the Beginning, que actualiza el estilo de su homónimo debut Black Sabbath (1970). Lejos de ser un autoplagio, esta canción tiene mucha personalidad propia y le da más potencia doom. Su letra trata, cómo no, la vuelta a las raíces que estaban experimentando. Dura nada menos que 8 minutazos.

Como segundo corte nos lanzan la magnífica God is Dead?, de casi 9 minutos, donde una lúgubre guitarra punteada abraza una letra inspirada en la filosofía de Friedrich Nietzsche. Cuestiona la existencia de Dios a través de la narración de diversos males, jugando con la frase «Dios está muerto» de manera ambigua. Conecta con la fama de satanistas que tenían a ojos del público en sus primeros años, aunque cabe señalar que siempre se desmarcaron de eso. Ozzy, Iommi y Butler reconocieron en varias ocasiones creer en Dios y tener cierta espiritualidad, y ese detalle creo que lo hace genial para un tema doom. Visto así, tiene un punto casi reivindicativo sobre un Dios que debería existir para aliviar esos males. Lenta y solemne al principio, a partir de la mitad desarrolla cambios muy guapos.

Loner es otro temazo, esta vez con un estilo más directo y una duración más equilibrada. Un gran riff de guitarra que puede recordarnos a N.I.B. (1970) acompaña a una buena letra sobre la soledad, la desconexión del mundo y la angustia vital. Su típico pero eficaz recurso acerca de sentirse raro y ser juzgado como tal

Algo similar tratan en la suave Zeitgeist, donde se cambia la batería por una percusión sutil y bien ejecutada. La guitarra es acústica y toda la atmósfera impregna cierta psicodelia. Claramente recuerda al tema Planet Caravan del famoso disco Paranoid (1970), aunque posee un toque propio que reinterpreta esa faceta que tenían.

En Age of Reason tenemos a Iommi y Butler como verdaderos protagonistas, con un toque sutil de teclados en algunas partes para dar cierta profundidad. Aunque no está mal, sus 7 minutos se me antojan un poquito largos.

También destaco Live Forever, que nos regala un doom más rápido. El genial Ozzy canta una avispada letra que lamenta el paso del tiempo: habla sobre el miedo a la muerte cuando ya eres mayor, pero al mismo tiempo no querer vivir eternamente.

Damaged Soul vuelve con casi 8 minutos de blues oscuro, una gran pieza con mucho aroma a años 70. Eso sí, que la parte final dure 2 minutos me parece un poco recargado.

Dear Father sería el último corte de la versión original, y también me gusta mucho. Una guitarra pesada, un excepcional bajo, una batería luciendo cambios y la voz de Ozzy hablando con Dios. Un mensaje de lamentación al Creador, pidiéndole perdón mientras admite que no son compatibles por sus pecados; se siente abandonado, reconoce que no puede creer en quienes representan lo divino en la Tierra. Acaba de la misma forma que empieza su debut, escuchándose el sonido de la lluvia y una campana de iglesia. Un final perfecto para conectar con el inicio de todo.


Pero, como dije, en este caso prefiero la edición extendida por la brutal Methademic (otra de las mejores): pegajosa, dura y rápida tras su breve introducción acústica. Es un mensaje sobre la adicción a las drogas, y no podría ser más adecuado viniendo de una banda que experimentó muchos problemas con las sustancias. No vivas demasiado rápido, o te encontrarás al diablo esperando.

Las últimas dos, Peace of Mind y sobre todo Pariah, añaden más familiaridad con melodías que reviven el estilo que los hizo famosos. Esta última es otra autorreferencia a su faceta de anticristos: trata de cómo un excluido social se convierte en el mesías de un mensaje aparentemente maligno (Do you believe every word I say? / Make your own truth and get out of my way).

Un discazo como la copa de un pino. En otras ediciones posteriores se incluyó también un directo del tema Dirty Women (1976), interpretado con un sonido más cercano a este álbum.

Canción destacada

Hace unos años diría God is Dead?, aunque ahora no estoy tan seguro. End of the Beginning me enamora referenciando a sus inicios, y Live Forever es fantástica en todos los aspectos. Methademic también me encanta y lamento que no sea parte de la lista original, porque se convirtió en una de mis favoritas. Con Pariah ocurre algo similar y me vicié mucho a ella.

2 comentarios en “13 (2013), de Black Sabbath”

  1. 🤘🤘
    Muy buen artículo!
    Me gusta Black Sabbath, pero reconozco que no soy fan aunque en más de una ocasión me sorprendo a mí mismo tarareando el mítico riff de Paranoid.
    Reconozco la influencia decisiva que han tenido en grupos del rock más duro que después han creado sonidos propios y que son deudores de ese ambiente oscuro de los primeros Sabath.
    Y aunque no soy fan de Ozzy, desde luego hay temas muy incrustados en mis memoria musical. (Crazy Train, Mr. Crowley por ejemplo…)

    Gran artículo (como siempre) de un disco a revisar!!

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