Quién me lo iba a decir: un inocente experimento con Google Gemini terminó derivando en un viaje a las profundidades de la IA. O más bien, la inercia de los acontecimientos me ha pasado por encima como un tren de cercanías. En 2023 escribí un artículo escéptico sobre la inteligencia artificial, y solo 3 años después ya tengo que matizarlo. Era algo bastante previsible —yo mismo dije que serviría como hemeroteca—, aunque todo ha cambiado tan rápido que me ha sorprendido. En algunos puntos acerté… aunque por aspectos que no intuía y que se quedaron cortos.

En aquel post nombraba algunas cosas: que el hype estaba sobredimensionado, que las IA tenían resultados bastante mediocres en muchos casos, que nos acostumbraríamos a su uso, y que de alguna forma habría limitaciones en su acceso. Con todo ello argumentaba que el mundo, la sociedad y el mercado no iban a cambiar tanto respecto a lo que ya teníamos. Pero la realidad se impone, y quiero desgranar cómo lo veo ahora en 2026 apoyándome en otros textos del blog.
Índice:
- Pasado: hype, escepticismo y cabezonería
- Presente: mi relación con la IA
- Futuro: nuevas conjeturas
1. Pasado: hype, escepticismo y cabezonería
A lo largo de estas décadas he visto muchas cosas que prometían ser revolucionarias y cambiar el mundo para siempre. El ámbito tecnológico se llenaba de cosas que resultaban ser bastante estúpidas. La anécdota más simpática que recuerdo es la del cine 3D en los años 2008 y 2013, cuando supuestamente todo se haría así… y no fue más que la chorrada comercial de turno, donde muchos ya veíamos un tufillo cutre. También tenemos el ejemplo reciente del Metaverso, que fue más de lo mismo pero fracasando a la velocidad de la luz. Esto me hizo desconfiar de todo lo que vendría después con las mismas promesas.
En 2023 había pleno hype con la IA, y muchos estábamos cansados de ese supuesto santo grial que, en la práctica para muchos, no suponía nada relevante. De hecho, muchos de sus resultados eran genéricos, vagos, políticamente correctos y, a veces, también cutres. Aunque se veía una herramienta prometedora, me parecía que estaba demasiado inflada y que jamás llegaría al nivel que anunciaban.
Y bueno, en cierto sentido no ha llegado a tal nivel de excelencia. La Inteligencia Artificial General sigue siendo una quimera como por aquel entonces, y tanto las voces optimistas como las apocalípticas se han ahogado en su propia endogamia. En el momento de escribir esto, ni la IA ha cambiado el mundo ni lo ha destruido… aunque una serie de pequeños cambios constantes están moldeando la tecnología, empujándola hacia cosas mucho más complejas pero también potencialmente peligrosas. En ese aspecto, ejemplos como los de Claude o Palantir son muy ilustrativos.
El centro de la cuestión estaba en el usuario común. ¿Cómo iba a afectar a la mayoría? ¿Qué supondría todo ello? ¿Cómo reaccionaría el mercado a la demanda creciente de una herramienta que parecía mejorar? Hemos pasado de los memes chorra con el aspecto de Studio Ghibli a las búsquedas de internet avanzadas, de las respuestas genéricas a auténticos flujos de trabajo que ahorran tiempo y esfuerzo al común de los mortales, y las IA empiezan a ser una herramienta compleja para el sector de la programación o el arte. Sin duda, el cambio ha sido más sutil de lo que parecía, pero más realista y profundo.
Y ahí es donde entra de lleno la cabezonería de gente como yo. Personalmente, me mantenía al margen porque me parecía un devorador de recursos, un juguete caro con fecha de caducidad y que, al final, se limitaría a determinados sectores… y bueno, no ocurrió eso exactamente.
2. Presente: mi relación con la IA
A veces, movido por una mezcla de escepticismo extremo y soberbia, me dejé llevar en mis opiniones: no solo tildaba a la IA de juguete caro, sino que además llegué a decir que no necesitaba una IA para redactar. Y estaba bastante equivocado. De hecho, la IA me ayudó a descubrir que escribía bastante peor de lo que imaginaba. Y esto, obviamente, merece un análisis bastante exhaustivo.
Mis primeros tanteos vinieron a raíz de Perplexity, quizás el primer buscador web con IA que hacía bien su trabajo (o al menos bastante bien). Poco a poco se convirtió en mi buscador de referencia para cosas complejas, me ahorraba un montón de tiempo y me daba las fuentes de consulta. Era útil, y me animó a dar un segundo paso que era muy mundano: jugar a videojuegos.
Quise volver a jugar a títulos antiguos de Pokémon, y dada la complejidad de su sistema de juego —que requiere tener una wiki siempre a mano—, me apoyé en Google Gemini para plantear las partidas. Ya escribí sobre ello en otro post, al que remito para descubrir toda la historia. La experiencia fue tan divertida y fluida que, poco a poco y casi sin darme cuenta, usé Gemini para otras áreas de interés. El cazador cazado: sí, aquello que me provocaba escepticismo inicial se colaba en mi rutina con todo tipo de ideas.
Me ayudaba en el cuidado de las plantas, en mi trabajo e incluso en papeleo legal, no como verdad absoluta sino como apoyo serio. Aunque el escepticismo seguía ahí, deseaba comprobar si los modelos de lenguaje fallaban en algún aspecto o cuál era su sesgo. Fue el comienzo de largas conversaciones con todo tipo de tecnologías, hasta que terminé en el famoso Claude. Al final pensé cómo exprimir todo aquello. Empecé a mejorar los prompts y a definir mi forma de usar la herramienta.
Y precisamente, en medio de esa exploración con los LLM, me atreví a algo que jamás pensé que ocurriría: mejorar el blog mediante IA. Debo recalcar que la IA no escribe nada de lo que se lee aquí, los textos siguen siendo míos al 100%, pero con ella descubrí que mi redacción era mejorable. El uso aquí es sencillo: su rol es como un lector externo que me da feedback. El prompt que uso con los textos es deliberadamente simple y abierto: «he escrito un artículo para mi blog personal. Dime si está bien escrito y qué te parece». Así frena los desvaríos típicos (como reescribir partes), ignora la importancia del SEO, marca los fallos de escritura y me hace notar inconsistencias que probablemente no vería yo solo. A partir de ahí hago las correcciones que considero oportunas.
Me encontré con la dura realidad: ni la IA actualmente era tan torpe, ni yo podía con todo si quería un mínimo de calidad con tan poco tiempo libre. Debo decir que, usándola sabiamente, pude mejorar varios aspectos sin perder ni un ápice de mi estilo. Si me dijeran eso en 2023 no me lo creería, pero en esas me encuentro.
3. Futuro: nuevas conjeturas
Toda esta experiencia me lleva hacia nuevos escenarios, en plena reestructuración del negocio de la IA y los problemas a los que se enfrenta. A nivel general, parece que estamos llegando a una especie de tope: esta tecnología se vuelve cada vez más compleja y demandante, empieza a cosechar popularidad (a veces muy forzada), y por ello no puede crecer a la misma velocidad que los acontecimientos. Es decir, creo que las empresas empiezan a darse cuenta de que los centros de datos son muy costosos, el retorno económico es casi nulo por ahora, y la crisis de hardware y electricidad empeora el panorama.
Ante eso ya se notan los primeros recortes en los servicios populares: empiezan a capar sus modelos en las cuentas gratuitas, las ventanas de contexto y tokens son cada vez más limitados, las suscripciones de pago aumentan sus precios, e incluso adaptan su velocidad a la demanda —en horas pico las limitaciones son mayores—. Esto genera algo curioso, y es que pagar te da preferencia en el servicio, pero no te asegura totalmente la calidad. Supongo que el músculo se guarda celosamente para los grandes pagadores, como empresas o usuarios pro.

Parece que la IA empieza a generar ciertas desigualdades, y las veremos acrecentadas en momentos donde no puedan cubrir la demanda. Entraremos en un escenario donde la IA, y quizás ciertas partes de internet, se muevan a dos velocidades distintas según las capacidades y la economía. Esto me genera algunas incógnitas, como por ejemplo qué futuro le espera a esta tecnología si tarda más de lo esperado en equilibrarse. ¿Podría haber un escenario donde los servicios gratuitos, tal y como existen en la actualidad, cambien radicalmente? ¿El grueso de los usuarios nos estamos acostumbrando a algo que veremos cada vez más degradado? ¿La edad dorada de la IA fueron estos primeros años, y no un supuesto futuro? Y lo más importante: ¿veremos pronto una crisis como la burbuja puntocom, donde solo unos pocos servicios queden en pie?
Las principales marcas ya se plantean incluir publicidad en los resultados para financiarse, y su explosión de popularidad terminará irremediablemente con ajustes económicos. Creo que las cuentas gratuitas, que son la mayoría, se quedarán con los modelos más viejos y menos demandantes para cubrir costes. Por otro lado, hay empresas que están descubriendo que usar IA les sale más caro que pagar trabajadores humanos, y me parece un dato revelador porque es un resultado casi inesperado, o al menos contraintuitivo respecto a las promesas.
Pero también veo un lado bueno que es, justamente, el factor humano que reivindicaba en el artículo de 2023. La IA puede cubrir ciertos componentes operativos y productivos, pero los aspectos relacionales, de contexto y de toma de decisiones siguen siendo especialidades humanas. Es decir: las personas siguen siendo imprescindibles, y delegar todas las tareas a la IA se muestra ineficiente en muchos campos. Tanto por resultados como por economía, el factor humano es crucial, e incluso en el peor de los escenarios parece muy difícil prescindir de él.
Por tanto, es cierto que transformará el trabajo pero, en mi opinión, no creo que vaya a ser la sangría que se plantea. Más bien parece que todo se va a reestructurar, y en ciertos sectores el manejo de la IA será un plus en el currículum y en ciertos puestos. Para cubrir ciertos objetivos como la búsqueda de nuevos enfoques, la originalidad, el contraste de información y lo que no puede ser automatizado, determinados tipos de persona serán muy valiosos, y eso no tiene nada de tecnológico.
En definitiva, estamos viviendo un cambio espectacular en la tecnología y la sociedad. Todos estos meses usando inteligencia artificial fueron un gran descubrimiento para mí, obligándome a moverme en este ambiente y notando sus retos. Pasé de desconfiar de todo esto a ver cómo está moldeando la realidad. La IA llegó para quedarse, eso es seguro por su utilidad, pero el rumbo que tomará me parece la gran incógnita de los próximos años. Y ante eso solo tenemos una opción: ver cómo se va desarrollando el tema. Por mi parte seguiré usándola, buscando en cada caso la herramienta que más se ajuste a mí. No ha sido una elección forzada, surgió de una forma tan natural como vaticinaba en mi artículo de 2023. Me he acostumbrado y ya la veo como algo normal, afectándome con los próximos cambios que parecen venir. Y creo que ese punto es también muy interesante.
NOTA:
Hay quienes plantean el lado ecologista del asunto: los centros de datos devoran energía y agua, repercutiendo directamente en el entorno y la calidad de vida de los núcleos urbanos cercanos. Aunque es una preocupación legítima, creo que se centran más en el problema actual que en pensar una solución natural. La cuestión no está en eliminar la IA por esos problemas derivados, sino en conseguir mayor eficiencia y optimización. En ese aspecto, la tecnología ya lo ha planteado con los modelos chinos de código abierto como DeepSeek: las limitaciones de hardware han forzado la búsqueda de fórmulas con menores costes a todos los niveles, sin sacrificar capacidades en los LLM. Ese me parece el camino correcto para atajar toda la problemática que rodea este tema.
Imágenes de Google DeepMind en Unsplash
@thecheis.com
hola.
No entendí eso de "ignora la búsqueda del SEO" ¿a qué te refieres?
Lo siento pero en mi caso me niego a esas correcciones de estilo. Vale, quizás alguna parte se puede redactar distinto o expresar de otro modo, pero ya no serían mis palabras. ¿Le diría la IA a Picaso, no hombre, no pongas ahí el ojo al lado del otro y debajo de la nariz, así no se pinta una cara. El cuadro ese de Guernica, ponle colores que si no es muy soso?
Todo EMHO, claro. Un saludo!!!
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La verdad es que esa parte quedó un poco ambigua. Lo que quiero decir es que, si una IA detecta (o le dices) que el texto es para una web, te empieza a hacer muchas sugerencias de SEO: el título, frases y palabras clave, qué negritas debes usar, el orden de ciertas cosas… incluso va más allá y te reescribe todo. Mucha gente suele usarlo así para maximizar el tráfico y «niquelar el texto», pero en un blog personal o algo más cercano al ensayo es una aberración: todo lo que hace es demasiado correcto, demasiado plano y aburrido.
Yo convierto a la IA en un observador externo, y con ese prompt lo único que hace es chivarme las faltas de ortografía y gramática, partes que pueden mejorarse al ser demasiado largas y pesadas, inconsistencias, malas explicaciones, etc. Es exactamente lo mismo a pedirle opinión a una persona o a un editor, y luego decides qué cambias y qué no. En mi caso todo lo aplico de forma manual, y por supuesto hay sugerencias que descarto porque no me gustan.
Es decir, es como un corrector de toda la vida, pero que además puede entender el contexto. Es muy útil cuando hago posts largos o densos, porque un corrector clásico no llega tan lejos, y revisar todo para publicarlo me lleva mucho tiempo.
Al final es una herramienta muy potente, y si le dejas mucha libertad puede cargarse todo… o puedes tomar solo ideas sueltas, o incluso ignorarlas.
Permite mucha versatilidad y tú decides qué límites le pones desde el mismo prompt. Es un paso adelante como lo fue en su momento escribir en un procesador de textos (donde podías cortar y pegar párrafos para ordenarlos, algo imposible en las máquinas de escribir), o cuando por fin hubo correctores automáticos (que permitió a mucha gente corregir faltas de todo tipo, ya sea por despiste o porque no escribían bien).
Es una herramienta que puedes usar o no. De igual forma que yo no usaba corrector antes, o hay gente que prefiere escribir en markdown, o incluso rechaza Word y prefiere hacer sus textos en un programa de MS-DOS. Cada uno decide su flujo de trabajo.
Lo que dices de Picasso es muy interesante porque ahí ya entramos en la IA dentro del arte, y puedo asegurar que los verdaderos artistas IA hacen obras con mucho más trabajo detrás del que se cree. Crear toda la obra conlleva muchos prompts donde se decide colores, composición, luz, grano, capas, formas… te aseguro que esa gente tiene muchos conocimientos y hace buenas planificaciones, que usen IA para dibujar solo cambia el hecho de si usan sus manos o no.
En Picasso es curioso, porque sabía pintar parecido a Velázquez, pero decidió hacer cosas más simples y abstractas… y eso conlleva trabajo. Si él y otros artistas comenzaron a hacer esas cosas «raras», es porque la fotografía le quitó el sentido a la pintura de hacer fotorrealismo. Cualquiera con una cámara podía captar la realidad, la luz y el color, así que los pintores se dedicaron a otras cosas: expresividad, formas, paletas de colores, etc.
Lo que intento decir es que todo esto es mucho más complejo de lo que parece a simple vista. Puedes dejar que la IA haga todo por ti… o puedes dirigirla como tú quieras. Puedes hacerle caso o no, y ponerle límites o dejarla con su configuración de fábrica. Todo es cuestión de pericia, estilo, criterio y muchas cosas más.
Si alguien no quiere usarla, está bien. Si alguien quiere usarla y es bueno domándola, también puede estar bien. Al final todo depende del humano y sus habilidades.
Un saludo!
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Esto en temas laborales, puede tener dos caminos, o reduccion de personal con la misma produccion, o con el mismo personal pero un x5 o x10 de productividad.
Dependera de cada empresa escoger un camino o el otro. No se si habra un camino intermedio.
Otra gran preocupacion, es la velocidad de la tecnologia, creo que lleva un par de velocidades superiores a la adopcion por el gran publico, y eso puede hacer que mucha gente no este a favor, pero creo, que puede aportar mas beneficios que perjuicios.
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