«Things must change / We must rearrange them»
Otra vez estamos en verano y se me viene a la mente discos que me acompañaron durante estas fechas. Ya publiqué en alguna ocasión similar sobre Depeche Mode, y es que al ser mi grupo favorito ocupó gran parte de mi vida. Tendría 15 años cuando conseguí la primera tanda de discos pirata gracias a un amigo, entre los que se encontraba este. Quería conocer los inicios de aquella banda que me fascinaba tanto, y descubrí un sonido añejo que poco se parecía a lo que solía escuchar. Entre aquellos sintetizadores crudos me quedé prendado de A Broken Frame y su extraña portada, acompañándome todas esas vacaciones junto con Speak & Spell (1981) y Construction Time Again (1983).

Pero A Broken Frame tenía un aura particular. Los primeros años de la banda me parecían muy singulares, y este LP desprendía algo atrayente. Mientras Speak & Spell lo veía como un curioso ejercicio de synthpop puro y algo naif capitaneado por Vince Clarke, en Construction Time Again veía los ladrillos del verdadero sonido de Depeche gracias a Alan Wilder… ¿o quizás no? ¿Acaso no fue este A Broken Frame el verdadero inicio de todo?
El segundo álbum sembró lo que sería DM en el futuro, con torpeza se adelantó varios años al influyente estilo que definiría a la banda en su apogeo. Gracias a él, Depeche Mode tuvo una carrera y evolución en constante crecimiento durante más de una década, lo que generó su estatus de culto desde sus raíces alternativas hasta alcanzar las superventas, e inspirando por el camino a multitud de artistas dentro y fuera de la electrónica.
Aunque sus inicios no fueron un camino de rosas. Aquellos jóvenes tuvieron que soportar un ensañamiento mediático que los infravaloraba (en parte por su estética) mientras, poco a poco, cultivaban un selecto grupo de fans. También tuvieron que afrontar la salida de Vince Clarke y los primeros problemas con la estabilidad de la banda. Martin Gore tomó las riendas de la composición mientras dudaban entre seguir como trío o incorporar a un nuevo integrante, aumentando la presión de lanzar un nuevo disco.
El resultado fue una colección de canciones en las que, sin renegar totalmente del sonido de Clarke —quien seguiría con su técnica en proyectos como Yazoo o Erasure—, se adentraban en experimentos y un estilo más pesaroso. Aunque Gore aún no era el fantástico letrista que admiramos, aquí hacía sus pinitos con temas alejados de esa inocencia que impregnaba Speak & Spell. Este segundo lanzamiento fue tildado de pretencioso y maltratado hasta por la propia banda. Siempre se consideró su peor disco (aunque no tuvo tan malas ventas), y sus canciones fueron apartadas en conciertos posteriores y en los recopilatorios. Viéndolo en retrospectiva, no creo que merezca esa mala fama y me gusta mucho, hasta el punto de que poseo un vinilo original de la época.
Al igual que en su debut el sonido puede parecer simplón —sobre todo para los que no son fanáticos de la electrónica—, característico del uso de sintetizadores monofónicos como los Moog, el RSF Kobol Expander o el ARP 2600, así como de la reconocible caja de ritmos Roland TR-808, el secuenciador Roland MC-4 y sus mezclas sencillas. Pero gracias al apoyo de su mítico productor Daniel Miller consiguieron darle un toque diferente al synthpop, distanciándose con algunas peculiaridades.
Al contrario de lo que algunos creen, Alan Wilder no participó en esta grabación porque Gahan, Gore y Fletcher querían probarse a sí mismos. Aunque Wilder ya había sido elegido como músico de apoyo, su incorporación como miembro no llegó hasta la gira de conciertos y el Construction Time Again.
La extraña portada corrió otra vez a cargo de Brian Griffin quien, con esta instantánea, ganó reconocimiento gracias a una de las mejores fotos de los años 80, hecho que le llevó a protagonizar la portada de la revista LIFE en 1990. La composición y el juego de luces es impresionante, consiguiendo un aspecto de cuadro clásico. Se hizo al aire libre tras el cese de una tormenta en Duxford (Cambridgeshire), en las inmediaciones del Museo Aeronáutico de la Guerra, apoyándose con puntos de iluminación artificial que destacan las espigas de trigo y la mujer con la hoz. Griffin se inspiró en la pintura realista de la Unión Soviética, lo que involuntariamente inició la peculiar iconografía de la banda. Como detalle casi imperceptible, bajo la hoz puede verse una inesperada torre de cableado eléctrico.
Por cierto, la portada le gustó tanto a Kate Bush que contactó con Griffin para protagonizar una sesión de fotos similar.
La imagen que ilustra el artículo no tiene toda la calidad que me gustaría porque se extrajo del LP de 1982, y no parece fácil de encontrar a día de hoy en formato digital. La versión usada para lanzamientos posteriores y el CD difiere un poco de la original, pues en éstas la mujer se ve levemente más inclinada y se reubicó el título.
Aquí Depeche Mode empezaba a acariciar con los dedos el darkwave sintético, género en el que son una influencia indiscutible. Bajo su inmadurez asoman buenas ideas y temáticas que serían clave en el Black Celebration de 1986, donde se sumergieron definitivamente en esa oscuridad gótica. También pueden escucharse las primeras trazas de esos cambios de tonalidad característicos en sus melodías.
El disco abre con la pesarosa Leave in Silence, que goza de un sonido solemne y bastante profundo a pesar de las limitaciones del equipo, haciendo gala de una letra decente sobre el fin de las relaciones y la sensación de abandono. La primera vez que la escuché me gustó instantáneamente, aunque prefiero la versión larga del maxi single porque está un poco mejor arreglada y mezclada. La canción siempre se interpretó como un duelo ante la marcha de Vince Clarke.
My Secret Garden es también una de las mejores. Tras un comienzo que parece ñoño se despliega una pieza oscura que explora temas como la pérdida de intimidad, el lamento y la identidad. Como he dicho, puede que las letras aún no fueran tan elaboradas, pero ya se apreciaba cierta sutileza en temas introspectivos.
Monument es un ejercicio minimalista y experimental que juega con ciertas texturas rítmicas, y cuya letra trata sobre el derrumbe de un monumento construido con mucho esfuerzo. Es otra alegoría sobre el fin de las relaciones, las idealizaciones y los desengaños. Nothing to Fear es una grata sorpresa, pues tiene uno de los sonidos más trabajados de esta colección. Este instrumental de 4 minutos hace gala de lo que podían conseguir con tan poco, luciendo los sintetizadores y las percusiones.
See You es bastante apreciada. Basada en el estilo synthpop de Speak & Spell, le da una vuelta de tuerca para llevarla a los terrenos melancólicos ya habituales de la banda.
Satellite es considerada la peor canción aunque a mí no me parece tan terrible, de hecho me gusta. A priori no tiene muchas cartas para parecer atractiva, pero es un singular ejercicio que casi toma forma de reggae electrónico. Su letra también me parece interesante, ya que aborda la desconexión con la gente y los malos sentimientos, siendo una de las más duras.
The Meaning of Love y A Photograph of You nos devuelve al sonido heredado de su debut, un par de canciones ligeras con influencias del rock & roll. Son las menos pretenciosas, pero tienen un punto divertido y nostálgico con ese sonido tan «saltarín». Tal y como puede intuirse, son las canciones románticas del álbum.
Volvemos a lo experimental y minimalista con Shouldn’t Have Don’t That, un tema cantado a dúo por Gore y Gahan, aunque hay fuentes que aseguran que Fletcher también participó en los coros. La canción está bastante desnuda, basando el protagonismo en las voces y la línea rítmica, con toques de sintetizador así como la incorporación de los primeros samples y sonidos ambientales. Aborda ligeramente la inadaptación en la infancia y conecta con cierto tono contestatario que tendrían en el siguiente álbum.
Tras el sonido del viento llega la última canción, The Sun & The Rainfall, un tema extremadamente querido por los fans clásicos y profundamente desconocido. La primera vez que la escuché no me creía que fuera de este LP. Es, sin duda, la mejor del álbum y la piedra angular sobre la que girará el mítico sonido Depeche Mode a partir de entonces. Con un bajo futurista y una gran melodía llena de melancólicos toques, su letra habla sobre los cambios bruscos y del agotamiento por afrontarlos en una relación perdida, así como del sufrimiento que genera. Es el corte más darkwave de todos, y su línea de bajo utiliza la técnica de filtrado que sería replicada en canciones tan importantes como Enjoy the Silence. Los Depeche que tanto gustaban realmente empezaron aquí. Se planteó lanzarla como single pero nunca llegó a ocurrir, así que no tuvo la visibilidad merecida.
Sé que no es de sus mejores discos ni en broma, pero lo considero mucho más interesante que el Speak & Spell. Le guardo un especial cariño por presentarme a esos primeros Depeche Mode tan desconocidos para mí por aquel entonces.
Aunque el álbum está bien y no le falta de nada, en esta ocasión quiero destacar un par de caras B que a día de hoy se meten en las ediciones deluxe. Oberkorn (It’s a Small Town) es un melódico instrumental semi ambient que usaron como apertura en las giras de aquella época, conectándolo con My Secret Garden, y del que tomaron el nombre los españoles OBK. Por otra parte, Now This is Fun es un divertido tema rápido que incorpora curiosos sonidos pre-industrial y singulares cambios de ritmos. También está muy bien valorado por los fans.
Canción destacada
No tengo ninguna duda: The Sun & The Rainfall me parece un básico oculto en su carrera, siendo ignorada durante muchos años al igual que todo el álbum. Por mi parte la considero una de mis canciones favoritas en su discografía.
Artículo publicado el día del nacimiento de Andy Fletcher…
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Me pillaste. 😁
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Completamente de acuerdo con The Sun & The Rainfall, una verdadera joya que ya nos mostraba lo que vendría a continuación con Construction Time Again.
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Un diamante en bruto, desde luego.
Saludos!
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[…] reconocible estilo: del synthpop bailable de su debut pasaron a rozar una especie de darkwave con A Broken Frame (1982); luego incursionaron en la música industrial con Construction Time Again (1983) y, sobre […]
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[…] con la primera tanda de discos pirata que tuve a los 15 años, entre los que estaban también A Broken Frame (1982) y Construction Time Again (1983). Buceé en los inicios de mi banda favorita, aunque Speak […]
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